Rincones

Estreno hoy en el blog una categoría de nombre peculiar, evidentemente inventado. Aunque podría casar bien con alguno de mis relatos de Ficción en gotas, lo cierto es que tiene más que ver con lo cotidiano.

Lo de bellilandia vaticina contenido.

Os hablaré de la belleza que nos rodea, que empieza por los detalles, desde lo minúsculo hasta lo más extraordinario. Cada cosa bonita que nos rodea alimenta el alma para que la vida se transforme en algo que merezca la pena, a pesar de los pesares que nos surjan por el camino.

Hoy, estos rincones especiales que muestro son los míos. La belleza que me alegra un mal día; la que me despierta una sonrisa.

Mi mascota, Chispita.
Chispita, mi mascota, ¡todo amor!.

Hay demasiadas voces que nos cuentan lo mal que está todo, que no lo niego. Demasiadas miradas puestas en lo negativo, que reconozco que abunda. Demasiados callejones sin salida, que los hay; pero me resisto a vivir mirando únicamente a través de esa lente oscura que puede llegar a paralizarnos.

No se trata de pecar de superficial, si no de darnos permiso para ser felices.

Cuando os cuente algo de Bellilandia, será para mostraros lo bonito que haya visto, sentido o experimentado y que me haya regalado inspiración. Tierra de belleza, así la imagino, así la quiero.

Hemos estado viviendo en fases ligadas a algo tan agobiante como una pandemia, y aún andamos con sus secuelas, pero la vida tiene otras más positivas. Podemos ponerles nombre y darles un significado.

He bautizado a la etapa en la que estoy como fase exploradora.

Exploradora de inquietudes personales. Ese punto vital en el que intento conocerme de verdad, para averiguar qué cosas se me dan bien. Qué puedo aprender. Cuánto puedo cambiar para evolucionar a mejor.

Enfocarnos en lo bello que nos rodea, nos carga las pilas.

Tengo reservados algunos rincones de mi casa en exclusiva. En ellos puedo inspirarme para tomar notas, escribir, dibujar, organizar y cualquier otra cosa que me apetezca. Os enseño estos minirefugios a los que escaparme, no sólo para lo bueno, también en los malos ratos cuando es imposible hacerlo al exterior.

Y esta última frase no puede venir más a colación, tras los meses de confinamiento, porque no siempre puedes evadirte contemplando el mar o paseando por el campo, de ahí lo importante que es empezar por el principio, que es el lugar en el que vives. No importa si es grande o pequeño, en propiedad o alquilado; lo fundamental es sentirlo como propio, adaptarlo a tu personalidad, que disponga de bellas pinceladas que te transmitan paz y con espacios en los que reconectar contigo mismo y tus aficiones.

Nuestra base ha de transmitir serenidad para, desde ella, despegar al mundo.

Y precisamente para capturar esta belleza que existe a nuestro alrededor, tengo ganas de aprender a hacer buenas fotos (lo de ahora es sólo disparar), por lo que en cuanto pueda me apuntaré a algún curso. Acabo de descubrir el mundo de Jackie Rueda, simplemente precioso y apasionante. Si visitáis su web os alucinarán sus talleres y la diferencia que supone «enfocar» bien para obtener un buen resultado; igualito que en la vida.

Para ser feliz, o intentarlo, hay que proveerse de sueños. Tener objetivos que cumplir para pisar fuerte y no desorientarse durante el viaje.

¡Hasta el próximo Post!

Fotografías. Imagen 1 Couleur – a través de Pixabay. Resto de imágenes : elenaconE. (Fotógrafa en pruebas, en fase de aprendizaje) 😉

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