No quiero

Imaginaba un bosque espeso a su alrededor. De esos que son tan arbolados que apenas tienen claros por los que hacer camino. Era la perfecta metáfora de su vida, opresión, sin salida a la vista.

Estaba en un punto existencial en el que cada situación representaba un problema. Cada decisión, una angustia. Podía encomendarse a Dios o a la suerte, pero algo le decía que no bastaba con abandonarse: debía existir la solución a su bloqueo.

Se le ocurrió pedir ayuda a un hipotético ángel de la guarda, por si estaba sentado a su vera a la espera de empezar a ejercer.
¿Qué puedo hacer para sentirme feliz?

Un repentino golpe de aire levantó la cortina del salón de un modo bastante teatral. Era un día soleado, sin nubes ni ventiscas y el aire que atravesó la habitación le provocó un escalofrío. ¿Acaso era una respuesta a su alocada plegaria?

Como no ocurrió nada más se desentendió de ese extraño suceso, volviendo a enfrascarse en los problemas que transitaban por su cabeza. Era como tener un carrusel de conflictos en danza: trabajo, pareja, hijos, padres… En casi todos ellos, su debilidad la hacía perdedora. Odiaba la falta de determinación en su carácter.

Mientras pensaba, comenzó a sonar en la radio la última canción de una prometedora cantante nacional. Su rítmica melodía enganchaba, y era imposible no aprenderse el monosilábico y repetitivo estribillo: «no, no, no, no…»

Seguro que sería un éxito porque resultaba pegadiza. Sin ser consciente de ello, se le metió en la cabeza ocupando el lugar de los problemas.

Como si fuera un mantra se pasó parte del día canturreando, ese «no, no, no, no…»

Al día siguiente, los buzones de su edificio estaban desbordados de panfletos reivindicativos. Un gran «No a más abusos», entre exclamaciones, incitaba a la protesta vecinal contra cambios urbanísticos que se iban a realizar en la zona.

Un tercer hecho fue el que le hizo pensar en algo más. Salía del portal cuando casi se dio de bruces con un chavalín de unos cuatro años, que huía a la carrera de su madre. Iba vociferando un ¡no quiero! de forma repetitiva, mientras la mujer iba tras él.

De repente pudo sentir la conexión entre esos hechos sin importancia. En los tres la negativa era lo importante y pensó en señales. En respuestas a su pregunta. La cuestión que lanzó al aire el día anterior, cuando se sentía presa en un mar de desdichas, podía responderse a través de esos mensajes: ¿qué puedo hacer para sentirme feliz?.

No a más abusos. No quiero. No, no, no, no…
Tenía sentido porque de alguna forma lo sabía. El «no», no formaba parte de su vocabulario y eso la hacía débil. El sí reiterado al prójimo, representaba un tipo de sumisión que implicaba su propio abandono. Había aceptado un lugar secundario en su vida y eso le hacía sentirse desgraciada.

Hacer lo que le exigían o imponían, aunque fuera disfrazado de favor, le había hecho vivir desbordada por obligaciones y compromisos.

No sabía si la claridad de mente que sentía en ese momento era fruto de las señales enviadas por el ángel que imaginó, o más bien de la casualidad, pero comprendió que la solución estaba en ella. En como debía enfocar su relación con los demás.

Decir si a su felicidad, requería empezar por decir noes en muchas ocasiones. Un no al abuso. Un no quiero, cuando lo creyera conveniente, sin complejos ni culpas.

Su bienestar llegaría cuando se tratase con el mismo respeto y amor que regalaba a los demás. Estando en la posición que le correspondía, en el centro de su vida, encontraría la salida del bosque, por muchos árboles que bloquearan el camino.

¡¡TIP!! – Seguro que much@s os sentiréis identificad@s con este mini relato. Muchas veces, nos cuesta decir que NO arrastrados por el deseo de agradar o ayudar, pero no hemos de olvidarnos de nosotros mismos. Diferenciar cuándo es necesario decir sí y cuándo no, es el primer paso para sentirnos bien, ¿no estáis de acuerdo?.

Fotografías. Imagen 1 Alexandra Haynale – Imagen 2 Jills – Imagen 3 Openclipart Vector – Imagen 4 Grace Dickason – Imagen 5 Free Photos – Imagen 6 Mohamed Hassan. A través de Pixabay.

¡Hasta el próximo Post!

3 comentarios en «No quiero»

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