Los días contados

Qué mal pueden llegar a sonarnos estas tres palabras cuando aparecen juntas. Casi suenan a sentencia, pero también pueden sonar a gloria si invertimos su uso para hablar del final de todo aquello que en mayor o menor medida nos amargue, hastíe o aburra.

Está claro que todos somos finitos, y que mientras nuestra vida va hacia adelante, otro contador va restándonos tiempo por vivir, pero partiendo de la base que en la mayoría de los casos nadie sabe cuán longevo llegará a ser (me consta que hay excepciones y que en su momento toca afrontarlas, pero ese es otro tema), la inteligencia es darse cuenta que somos nosotros quienes decidimos si queremos mejorar o quedarnos estancados en una vida apática «a la espera de».

  • ¿Qué tal si hacemos que las quejas tengan los días contados y nos lanzamos a hacer lo que realmente nos gusta? ¿O por qué no agarramos la pasividad y le damos unos días contados para esfumarse de nuestra vida?

En primera persona os contaré que yo siempre había dicho «me gusta escribir pero no tengo tiempo»; «me gusta pintar pero no tengo tiempo»; «me gusta pasear bajo el sol pero no tengo tiempo»… pero no es que el tiempo no estuviera para mí, si no que mis deseos nunca habían sido una prioridad.

Es cierto que a veces en la vida te encuentras con muchos ladrones de tiempo, algunos inevitables. El trabajo, los desplazamientos, cuidar de familiares cuando llega la enfermedad (de eso en mi familia, como en muchas otras, hemos hecho un máster), pero os diré que dentro de esa vorágine, aunque sea en pequeñas gotas el tiempo viene a ti, pero eres tú quién elige si quieres pintar un cuadro o jugar al móvil. Escribir un libro o mirar la tele. Pasear frente al mar o engancharte a un programa de absurdos cotilleos que te hablan de la vida de los demás mientras la tuya se estanca.

  • En fin, que me alegra que mi indecisión tenga los días contados y haberme lanzado a escribir este blog y compartirlo con vosotros.

Un secreto: durante la enfermedad de mi querido hermano, nos vimos haciendo estancias intensivas en hospitales sin dejar de compaginarlo con el trabajo y las obligaciones familiares. Fue un tiempo en el que vivía extenuada, y paradójicamente fui capaz de escribir un libro ¡enterito! hasta el fin. Hablo de un período largo, tres-cuatro años, pero lo conseguí porque en ciertos momentos, en los que no podía hacer «nada», me obligaba a coger una libreta para anotar ideas, o me llevaba el portátil para permitirme escribir un par de páginas (o de frases, porque era una situación muy dura y no siempre acompañaban las ganas), pero fue cuando me di cuenta de que, en mi caso, el escribir me permitía evadirme aunque fuera por un rato de la tristeza que llevaba pegada al corazón.

Lo de escribir es un simple ejemplo. Cada cual sabe lo que realmente necesita o aquello que le ilusiona aunque no lo comparta porque considere que es absurdo, o poco importante, o inútil, como si estar mano sobre mano fuera mucho más práctico para no se sabe qué.

  • En resumen y para finalizar, mi mensaje es que dejemos que los tiempos muertos, que siempre los hay, cobren vida. Y que veamos desde otro punto de vista lo que significa tener los días contados, para que el tiempo que vivamos nos aporte más de lo que nos quita.

12 comentarios en «Los días contados»

  1. Tienes mucha razón yo también después de mucho tiempo, ya perdí la cuenta de cuánto, decidí buscar mis momentos por encima de obligaciones y deberes y darme prioridad aunque sea por imposición propia. Ahora estaba coloreando mandalas e intento colorear mi vida, ya sea con un paseo con mis hermanas, una reunión de amigas, viendo cine que me encanta…hay tantas cosas. Sobre todo aprender a decir que NO a los demás y SI a una misma, a veces es muy necesario y no por ello hay que sentirse mal.

    1. De todas formas incluso se puede estar cuidando a alguien, acompañar, y al mismo tiempo estar haciendo algo para ti. Mi mensaje es: lo importante es buscar lo que te hace soñar e intentar hacerlo realidad, porque todos tenemos momentos que podemos aprovechar. A veces el tiempo libre es escaso pero lo importante es detectar qué hay superfluo que nos roba tiempo y energía, y enfocarnos en lo que realmente valga la pena.

  2. Cuánta razón tienes, además necesitamos parar un poco nuestra mente del estrés al que estamos sometidos y dedicarnos tiempo a nosotros mismos.

  3. Tienes mucha razón. Por desgracia, la mayoría de personas recibimos nuestra parte de enfermedades familiares. Entre el trabajo, la propia familia, la casa y cuidar de aquellos a los que queremos y han caído enfermos, el tiempo que nos queda es igual a cero. Sin embargo, no hay que esperar para hacer aquello que nos puede motivar y enriquecer como personas. Te felicito por haber logrado ese precario equilibrio que a pesar de todo el dolor, el cansancio y la tristeza, te ha permitido escribir ese libro y estas historias que nos permites leer. No lo abandones, sigue y comparte con los demás.

    1. Hola Carme. Es cierto que hay que hacer malabarismos para buscar ese «hueco» que en la mayoría de ocasiones crees que no existe. E incluso aunque lo tengas, suele ganar el cansancio a la motivación. Pero hay que hacer una búsqueda interior para encontrar soluciones válidas para compaginar la responsabilidad con tu propósito vital. Todos tenemos alguna valía especial, o nos mueve algo concreto… La magia es que si lo encontramos, eso nos da cuerda para seguir luchando en los momentos más oscuros, que no se pueden evitar.

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