La fiesta

Corrían tiempos extraños, en los que confinamientos obligados por gobiernos eran habituales en la era de la pandemia global. Todo lo anterior -viajes, quedadas, paseos, cenas, botellones, cine o cervecitas con tapa- quedaba tan lejano como las películas en blanco y negro.

De repente éramos conscientes del tiempo bipolar que por un lado vuela y por el otro se ralentiza, dejándonos en suspenso en una situación estática entre pasado y futuro.

De repente nos percatábamos que teníamos que buscar alternativas a la vida enclaustrada y lo virtual se integraba más que nunca en lo real, acercándonos a amados y desconocidos en una fusión nueva.

Pero había más. En el mundo en el que no se permitía viajar ni abrazar, algunas personas lograban su escapatoria a través de un secreto antiguo para el que no sólo había que ser experto si no valiente para dejar el cuerpo atrás a la caza de otras posibilidades.

Aquella noche todas se durmieron casi a la misma hora, extrañadas por la pesadez de sus párpados a una hora más temprana de lo habitual. Al acostarse una agradable languidez las meció en los brazos de la noche. Sin saber cuánto tiempo había transcurrido, cada una de ellas abrió los ojos en un lugar diferente. No era su propia cama si no un bonito Chester rojo en una sala luminosa. Pero eso no era lo más sorprendente, si no que el pijama se había transformado en elegante indumentaria más a tono con el vistoso sofá.

Se escuchaban risas y charlas en algún lugar de aquella peculiar mansión, en la que pocos muebles daban más prestancia a la altura de sus techos, amplias ventanas y relucientes suelos en un ambiente de alto copete.

En el gran comedor decorado para el evento se encontraron todas. Marilina, Raquel, Lali, Marina, Lina, Menchu, Sofía, María, Anabel, Eva, Cristina, Antonia, Conchi, Encarna, Maripaz, Rosita y algunas más, que corrieron a abrazarse y brindar en aquella fiesta del todo inesperada.

Fue una gran velada, divertida, compartida, esperada. El pasado ya no parecía tan lejano ni en blanco y negro, si no a todo color, convirtiendo el presente en esperanza, con el reloj de nuevo funcionando en su obligado tic tac que indicaba que el tiempo seguiría su avance.

Más tarde, sin saber cómo, la fiesta terminó. No había Chester, ni mansión, ni traje de fiesta. Todas aquellas amigas despertaron felices por el sueño compartido, tan real que casi parecía como si hubieran hecho un viaje astral en su búsqueda del reencuentro. O quizás no, pero soñar también era una buena manera de perderse en la otra realidad.

Gracias a tod@s las que me seguís desde el otro lado.

Y recordad, «si os ha gustado este post, compartidlo, para que la magia llegue lo más lejos posible».

13 comentarios en «La fiesta»

  1. Me encanta!!! Gracias por continuar con tus relatos de ficción o realidad o de ambas.
    Apuntame sin falta a la próxima…No pienso perderme ninguna fiesta . TQM

    1. Gracias a ti, mi mayor supporter 🙂 y si que tendremos que hacer una grande cuando llegue el momento. Por ahora por viaje astral o fantasía, que también mola.

  2. Súper!!!! Me encantó asistir a esta fiesta «virtual»…que me ha llenado el día!!!!!
    Gracias Elena por estas bellas aportaciones…

      1. Ohh que bonito !! me ha gustado mucho tu fiesta , tan bien apuntame a la próxima que asistire sin duda , muy chulo ! un abrazo Elena sigue con tus bonitos relatos , nos haces muy felices .

  3. Ojalá algún día se celebre esta fiesta, donde los amigos de mis amigos sean mis amigos también!!! la cadena de la que tanto hablas.

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