La escalera de caracol

Hacía escasamente un par de semanas que se había instalado en aquel pueblecito costero.

La primera vez que estuvo allí, quedó absolutamente prendada de la idiosincrasia del lugar. Su tranquilidad, la amabilidad de sus gentes, las flores que crecía salvajes por doquier, y no cualquier especie además, si no sus favoritas.

Enormes hortensias a pie de calle, inmensas, algunas de ellas le sobrepasaban en altura, adornando cualquier paseo y poniendo contraste al verde intenso del campo norteño. Y para guinda, en el lado opuesto, el mar, por si te cansabas de color y preferías una dosis de azul. Por eso se prometió a sí misma que si alguna vez en la vida podía permitírselo, compraría una casa en ese enclave especial.

Evidentemente quedó como un simple sueño estival, que al regresar a la cotidianidad, tan sólo rescataba de vez en cuando al contemplar las fotografías de aquellas vacaciones.

Quince años más tarde, allí estaba. Parecía el colmo de la fortuna. Se preguntaba si existían las casualidades. ¿Por qué una quimera podía transformarse en una opción?.

Ella, que toda su vida había trabajado en la recepción de establecimientos de categoría, atendiendo huéspedes de cualquier lugar del mundo, se encontró un buen día sin saberlo, frente al propietario del único hotel de su pueblecito amado. El hombre pareció quedar impresionado por la eficacia con la que resolvió problemas que surgieron durante su estancia. Fue poco antes de abandonar su suite, tras alabarle su profesionalidad, cuando le ofreció trabajo.

Cuando supo los pormenores de la oferta, pero sobretodo el emplazamiento, aceptó sin dudar. Un mes después, allí estaba. Sonriendo a la vida frente al encantador hotel.

Pero lo que la tenía completamente hipnotizada era la impresionante escalera de caracol. Aunque había ascensor, no eran pocos los huéspedes que preferían subir por ella, porque no dejaba ser un foco de interés para los visitantes.

La sensación de subir y girar, sin dejar de observar el vacío en el hueco central, ejercía un fuerte poder de atracción.

Se sentía feliz. Tanto que en cierto momento comenzó a preguntarse dónde estaba el truco. La increíble oportunidad que le había dado el destino para ir a parar al lugar de sus sueños, resultaba algo chocante. El trabajo estaba bien remunerado y vivía en el mismo hotel, en una parte destinada únicamente a trabajadores. No transcurrió mucho tiempo antes de que esa calma feliz se transformase en temor.

Su habitación era perfecta para conciliar el sueño, pero comenzó a sufrir interrupciones nocturnas.

Sueños molestos que después no recordaba. Crujidos de la madera, como si alguien pisara muy cerca de ella, hasta llegar junto a su cama… ¡Qué mala era la sugestión!.

Por la mañana, a plena luz del día, con el trajín de la gente y el ajetreo del trabajo todo quedaba en un simple malestar, una pesadilla o una indigestión. Cualquier excusa servía para no dar pábulo a las historias de fantasmas, sobre las que había escuchado rumores.

Algunos hablaban de apariciones misteriosas en la escalera de caracol; extraños sucesos en las habitaciones… Ella era escéptica, aunque tenía que reconocer que el lugar predisponía a creer lo increíble.

Los días activos sucedían a las noches en vela. Los frecuentes sobresaltos acababan en despertares sudorosos y agitados, hasta el punto de que, como si volviera a ser una niña, terminó por dejar una luz encendida, con la esperanza de asustar a las sombras de la noche y sus fantasías.

La realidad era que, por más que rogaba que todo lo que le ocurría fuera fruto del cansancio y sus propios miedos, las sensaciones se convirtieron en demasiado intensas para ignorarlas.

Bastaron dos meses de estancia en su maravilloso pueblecito ideal, para que hiciera las maletas, no sin dejar de mirar atrás al escuchar de nuevo el crujir del suelo a su espalda…

Fotografías de este relato de Pixabay.

TIP

Este es un post enlazado. Puedes leerlo solo, pero si has leído Magia en Frasco, te recomiendo leer Extrañas amistades donde se entrelazan ambas historias.

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8 comentarios en «La escalera de caracol»

    1. El lugar donde las hortensias me deslumbraron es Bakio, pero sin duda Portugalete y Getxo está en nuestra memoria y tenemos que volver. 🙂

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