El hilo invisible

Silencio. Mis dedos callan porque no saben bien cómo transmitir todo lo que bulle en la cabeza y las palabras permanecen secuestradas.

Confusión, incertidumbre, miedos… ¿recordáis a los monstruos? Pues estos días han renacido cogiendo la forma de un virus que hasta a los más valientes intranquiliza. He vivido todo tipo de situaciones y pérdidas, así que la sensación me resulta familiar pero a la vez es completamente nueva, en esta especie de ruleta rusa en la que no sabes cuándo o a quién le tocará el golpe, ya que éste no discrimina y es un juego en el que todos participamos sin quererlo.

A mis dedos mudos les obligo a estirar del hilo invisible que nos une.

Imagen de Mattheo Z en Pixabay

Las llamadas o mensajes de mis amigas; el Skype con mi familia, adorada madre incluida que no deja de sonreírme a través del monitor, ignorante de todo lo que ocurre; y la convivencia familiar que, como todas, tiene sus altibajos pero nos traerá nuevos aprendizajes… Todo forma parte de la trinchera en esta resistencia obligada en la que hay que perseverar y ganar. El hilo invisible es tan recio como la más robusta de las cadenas, porque todo lo que de verdad importa está disparando su valor. Si la bolsa está cayendo en picado, el cariño y amor a nuestros cercanos está en alza y tiene un superávit nunca visto.

  • Cuando se levante la veda, los abrazos y besos nos harán ricos aunque la economía ande bajo mínimos. De momento, en su lugar las sonrisas y bromas, los ánimos y el interés por «los nuestros y los otros», estiran de nosotros para resistir.

Imagen de Gerd Altmann en Pixabay

Las tristes noticias de tantas víctimas nos encogen el alma aunque no las conozcamos y hay preciosas iniciativas, como mandar cartas anónimas y oraciones para los que permanecen aislados en su lucha contra el virus. Los aplausos coordinados entre la población como ovación al personal sanitario, nos hacen un poco partícipes de su trabajo en primera línea hospitalaria porque reciben un extra de energía al recibir nuestra admiración y apoyo. Pero hay mucho más que alabar. A los que trabajan en las tiendas de alimentación y farmacia; los transportistas que hacen llegar esas mercancías necesarias; los policías y soldados que vigilan que nadie boicotee el esfuerzo común…

Es importante también que nos ayudemos de las pequeñas cosas para que el día a día no resulte frustrante y los ánimos no decaigan. Tenemos ventanas y terrazas para que el aire y el sol nos ayuden a respirar. Y más allá de los aplausos, en nuestros balcones se hace ejercicio, se canta, o se charla con los vecinos, demostrando como siempre que el ser humano es capaz de crear con su imaginación alternativas a la desesperación y el aburrimiento.

Por todo ello, aunque cueste, voy a liberar las palabras que andaban secuestradas para que mis dedos escriban de nuevo, con la esperanza de que sí estáis al otro lado, conectemos y estiremos juntos del hilo invisible.

7 comentarios en «El hilo invisible»

      1. Querida Elena, ya sabes que nuestro hilo conector es mi clon, con dicho hilo vas tejiendo una colcha de amistad infinita en la que vamos tejiendo a más y más amigos. Por siempre… que no se acabe nunca la madeja!!! ❤️

  1. Hola preciosaaaa!!!
    Las palabras pueden unir o distanciar , en tu caso están ligadas a ese hilo invisible que nos dará fuerzas para luchar contra esa «indefensión» que ahora nos acorrala…MUCHAS GRACIAS…

    1. Gracias a ti por estar al otro lado. Y ojalá el tiempo en este caso corra más deprisa y podamos dejar la pesadilla que estamos viviendo atrás. Un abrazo!

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