El día que descubrimos que éramos ricos

Coronavirus… ese minúsculo bichito ya ha logrado que vivamos en estado de alarma, y que la preocupación, la ansiedad y el desconcierto formen parte de nuestra vida.

Parece estar ganando la batalla a nivel mundial, pero por suerte, una batalla no es la guerra y aunque no podamos evitar sentirnos intranquilos por lo que ocurrirá en todos los sentidos, hemos de confiar en que pasen pronto estas semanas y todo pueda volver a la normalidad.

  • Al parar nuestra vida de golpe somos más conscientes que nunca de lo que «perdemos» temporalmente.

Yo, como tantos otros, me veo recluida en casa y cumpliré con el trabajo a distancia, pero eso me hace darme cuenta de lo bonito que es compartir el día a día con mis compañeros, a los que voy a echar de menos. Ahora toca trabajar «sola» sin escuchar sus bromas o los frecuentes y «personales» estornudos de todos los alérgicos (que somos unos cuantos) y que nos provocan la risa haciendo más amena la jornada laboral.

  • De repente, hemos de evitar el contacto, los besos y abrazos que tanto nos gusta dar y recibir, y tenemos a nuestros cercanos, sobretodo a los que se consideran grupo de riesgo, como intocables.

¡Cuanto echo de menos darle un beso a mi madre!, una de las personas que seguro no resistirían luchar contra el bicho. No quiero ni imaginarlo. Tampoco puede haber roce con el resto de la familia «por si».

Todos somos «posibles» receptores y emisores, no sólo por la invisibilidad del enemigo, si no porque sabe ser silencioso cuando los contagiados aún son asintomáticos. Ninguno de nosotros puede tener la seguridad absoluta de si es portador o está junto a alguien que lo es.

Ahora, valoramos tener despensa -con mucho papel higiénico por lo que se ve-, y lo que supone tener asegurado lo indispensable en el día a día. Eso debería ponernos frente al espejo para ser conscientes de lo que significa tener lo necesario, incluso más, cuando hay gente que no dispone de agua corriente o un trozo de pan.

  • Aunque temporalmente el mundo se pare, seguro que aprenderemos de toda esta experiencia y lo negativo que conlleva también nos dará la oportunidad de volver a descubrir lo importante.

Se acabó el correr todo el día de un lado a otro, pero cuando todo pase y volvamos a hacerlo -espero- lo haremos a sabiendas que lo que se tiene se puede perder en cualquier momento, por eso pondremos los tesoros infravalorados en ocasiones -como el contacto físico con nuestros cercanos, los encuentros sociales, el compañerismo, y sobretodo, la salud- en su verdadero lugar. Valorar estas cosas «sencillas» que nos atemoriza perder nos mostrará la auténtica fórmula de la felicidad.

Hoy, en pleno «estado de alarma», recluidos y aislados a nivel social y físico, nos damos cuenta de que éramos ricos y muchos ni siquiera lo sabíamos… Valorémoslo.

3 comentarios en «El día que descubrimos que éramos ricos»

  1. Muy buena reflexión! Que este parón forzoso en nuestras vidas sirva para valorar lo que realmente es importante. Y agradecer inmensamente a todos los que nos protegen, ya que ellos no pueden parar como el resto y están al frente de esta batalla. El personal sanitario se merece todo nuestro apoyo y solidaridad, porque ellos también tienen familia y seguro que desearían estar a su lado en estos momentos. GRACIAS!!

  2. Nosotros lo padecemos ahora, pero… cuánta gente viene padeciendo, cada uno su particular virus, en este mundo? Ahora nos daremos cuenta de cuan valiosa es la salud!!! Besos

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