Conexiones

Cuando hablamos de estar #conectados, automáticamente pensamos en internet y sus miles de brazos, con todo tipo de plataformas, redes sociales o blogs, como éste mismo, que nos permite hablar estando quizás a miles de kilómetros. Sin duda, una proeza tecnológica, pero la conexión mental aún tiene más encanto.

Yo siento las conexiones a mi alrededor con familia, amigas, compañeras… mi gente más querida, claro. La famosa telepatía que parecemos sentir repentinamente, puede que con alguien que llevas meses sin hablar, o con quien lo has hecho hace una hora pero para discutir. Seguro que os ha pasado. Recibir esa llamada o mensaje como si al otro le hubiera llegado el influjo de tus añoranzas, miedos o preocupaciones.

No ocurre siempre, si no perdería su magia, pero cuando lo hace sorprende la «casualidad temporal» de pensar el uno en el otro, y viceversa. Lo más probable es que esa cualidad imprevisible forme parte del potencial de la complejísima mente humana, pero no deja de ser bonito descubrir esa sintonía a distancia.

Pero hay otras conexiones más inexplicables. Las que presientes, las que cuando ocurren no dejas de preguntarte el cómo o el porqué, sin obtener respuestas.

Las conexiones especiales no siempre son con allegados. Una vez conecté con una desconocida en una situación tan dura que casi la sentí como un ángel. Mi padre acababa de fallecer. Estábamos en el hospital, llorando su pérdida, y yo, su pequeña, salí afuera para respirar el aire de la noche. Nadie pareció percatarse de mi escapada al exterior, donde permanecí un buen rato sentada en un murete junto al aparcamiento, semi escondida para dar rienda suelta a la pena con riadas de lágrimas.

Fue entonces, cuando una chica se acercó a preguntarme qué me ocurría. Se lo expliqué como pude y su respuesta fue ofrecerme un abrazo. Tal cual. No nos conocíamos de nada y seguramente no volveríamos a vernos jamás -como así ha sido- pero le ofreció un abrazo consolador a mi alma rota.

Todavía sigo echando de menos los abrazos de mi padre, esos que precisamente aquella noche pensaba que no volvería a recibir. Así que no opuse ninguna resistencia. Acepté y me dejé abrazar hasta que mis lloros se apaciguaron. No hubo preguntas, ni siquiera nos dimos los nombres, simplemente un par de minutos después, se despidió deseándome que tuviera mucho ánimo porque mi padre no querría verme tan triste.

Los escépticos dirán que simplemente era alguien de buen corazón que al verme triste me dio su apoyo. Suena razonable, posible, pero ¿cuántas veces ocurre algo así?.

Aquel día, de alguna forma, sentí como si él me la enviase. Los ángeles no siempre son alados, pueden ser de carne y hueso, pero igualmente cumplen su misión.

Fue la persona adecuada en el momento justo. Tiró de mí, puede que más de lo que lo hubiera hecho otro familiar, ya que esa noche todos estábamos rotos, por lo que su serenidad me transmitió algo de paz dentro de la pena. Es una pequeña historia que quienes me conocen ya habían escuchado. Para mí, una muestra de esas otras conexiones especiales que también existen.

Las que nos acercan a un ser amado que se fue pero que sentimos que nos ronda. Las que te conectan con la persona apropiada cuando ibas a tirar la toalla. Las que te hacen llegar a puerto cuando estás más perdida. Las que te hacen creer en señales.

Y volviendo a lo terrenal, también me encanta la conexión con vosotr@s a través de mi Casa Encantada

¡Hasta el próximo Post!

12 comentarios en «Conexiones»

          1. Supongo que debemos tomar conciencia de esas señales, no siempre somos conscientes…
            Sin palabras, muy bonito el relato.

  1. La verdad es que sí existen estas conexiones, o al menos, yo sí las he sentido. Algunas veces los ángeles no están en el cielo,, algunas veces son terrenales.

  2. Como cuando estuvisteis, la última vez en IBZ,. La dirección que tenía el coche de alquiler. Te acuerdas?

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