Burbujas

¿Recordais las burbujas del anuncio? Doradas, sonrientes, chispeantes, simbolizando a las que vemos en una copa de cava, y que si las probamos se nos suben un poco a la cabeza… pues bien, no pretendo hacer apología del alcohol, pero sí de otro tipo de burbujas igual de positivas.

Sienta de maravilla poder meterse en una y aislarse un rato del resto del mundo.

Esta afirmación no debe malinterpretarse, porque no es lo mismo crearse una burbuja temporal con un fin concreto, que vivir encerrado en una, al margen de la sociedad y sus problemas, o peor, de las personas a las que quieres.

Como lo habitual para casi todos es ir contrarreloj, agobiados, estresados, o cualquier otro adjetivo que signifique cansancio, no está de más entender que hay que recargar la batería mental antes de que se agote.

En una casa con hijos ¿qué suele ocurrir? Absorben casi en exclusiva el tiempo del que disponemos fuera del horario laboral. Y si los hijos son mayores pero cuidas de algún familiar enfermo, lo mismo. Poco tiempo e igual tu casa se convierte en un ambulatorio a domicilio donde todo gira en torno a la enfermedad. Otras veces es tu jornada laboral que se extiende más allá del tiempo estipulado y te ves contestando emails o whatsapps desde el móvil a horas intempestivas. O peor todavía si tu vida es un mix de todo ello…

Son meros ejemplos de vidas abarrotadas, cada uno arrastra su historia, pero precisamente por eso, para resistir y seguir cumpliendo con todo lo que se espera de nosotros, necesitamos reivindicar esos huecos en la jornada que nos permitan encontrarnos a nosotros mismos, sin ruido, sin culpa, ajenos al mundo exterior.

Que está claro que lo primero es descansar, pero si nos limitamos a las obligaciones y a dormir, al final perdemos nuestra esencia y terminamos pareciendo autómatas sin energía ni ilusión.

Habrá actividades que nos apasionen pero que requerirán mucho tiempo y siendo realistas, en el día a día es imposible sacar demasiado. Por más que queramos ir de senderismo, a pescar o pasear por la playa, salvo que seamos ricos o estemos jubilados, esas aficiones no quedará otra que reservarlas para las vacaciones, fines de semana o algún puente, pero en la vorágine de la semana laboral con subsistir nos suele bastar, y como mucho podemos conseguir esa pequeña dosis de desahogo.

Una burbuja que no precise de horas, si no unos minutos bien aprovechados para la desconexión. Porque aunque adoremos a nuestros hijos y familia, seamos hiper responsables en el trabajo, etc., hemos de ser conscientes que para desempeñar todas esas obligaciones con buen ánimo es necesario sentirnos bien. Cuando estamos agotados puede que cumplamos, pero quizás llegue el punto en que sin darnos cuenta lo hagamos de mala gana o con peor cara y eso no es bueno para nadie. Por algo nos repiten lo de que para poder cuidar hay que cuidarse.

Basta media horita diaria para hacer un parón y resetear la mente.

Es fundamental elegir un espacio en el que cuando estés, un imaginario «no molesten» haga saber al resto que necesitas unos momentos para tí. Desde luego primero habrá que transmitirlo para que los demás lo sepan, porque al principio resultará extraño que tú, ¡si tú! que nunca paras ni te miras demasiado el ombligo, de repente reclames algo, pero comunicarlo bien es tan importante como hacerlo.

Tu burbuja significa que tan sólo un rato más tarde volverás a prestar toda la atención a lo importante, pero ojo, hay que hacer entender que es vital para tu bienestar. Y sobre todo, que cuando estés al cien por cien de nuevo con las obligaciones, los demás si lo desean también podrán seguir tu ejemplo. ¡Que no se trata de pasar las tardes mirando musarañas mientras los demás te lo hacen todo!

La cuestión es que si uno es constante sin darse cuenta se va encontrando mejor de ánimo y eso beneficia a los de alrededor.

  • Ese breve tiempo que te vas a dedicar no tiene porqué desbaratar tu agenda vital. Es cuestión de organización.

Desde sentarte un rato en tu escritorio para escribir; cuidar un mini huerto urbano en tu balcón; meditar en un rincón zen que te crees entre velas y plantas; escuchar un podcast interesante sin distracciones; jugar un rato a algo que te guste; o sentarte en tu sillón favorito a leer un par de capítulos de un libro. Para gustos, los colores. Incluso si no tienes un hobbie concreto puedes dedicarte a anclar buenos momentos que te hagan sentirte bien. Y en cuanto a la duración de ese momento exclusivo, cada uno sabe cuál es el tiempo del que puede disponer, pero por breve que sea no hay que dejar de reclamarlo.

Por cierto, lo ideal sería que ese momento no fuera a última hora del día, porque si no es probable que acabes diciendo «mañana» y pases un día más sin pararte a pensar en ti.

Si lo consigues, seguro que ese momento a solas te sabrá a poco porque será breve, pero ¿a qué motiva saber que mañana podrás volver a aislarte en tu pequeña burbuja?

9 comentarios en «Burbujas»

    1. A mi tambien me gustan las burbujas y en algunas ocasiones, también ayudan a despejar problemas, las que vienen en Copa.. ..

  1. …Muy buena reflexión y gran acierto!!!
    Yo dedico 15 minutos a la lectura, pero no a estudiar o a leer informes…
    Son lecturas que me distraen de la realidad, pero que me llenan de «tranquilidad».
    Es mi momento de evasión que procuro no dejar nunca de lado!!!!
    Gracias Elena….tu ya formas parte de «ese momento»!!!

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