Anclar

Todos sabemos lo que es un ancla y si nos hablan de una, automáticamente pensaremos que es cosa de marinos y navegantes. Pero como el lenguaje evoluciona y los aprendizajes nos son comunes a todos, me resulta bonito compartir un concepto derivado de esta palabra.

En otros posts he reivindicado la elección de soñar despierto, abrirse a la fantasía y sus posibilidades. Sin duda, son motivaciones en parte literarias pero también vitales para intentar vivir en positivo, enfocadas en nuestro presente y futuro.

Pero, ¿y cuándo tenemos algo especial que pasó hace tiempo y añoramos?

Ese instante único, una temporada feliz, un recuerdo mágico, cualquier situación que nos hizo sentir dichosos… para revivirlo nada como anclar su recuerdo en nuestra memoria y rescatarlo cuando sea preciso.

No se trata de querer vivir en el pasado, eso sería absurdo porque lo que nos ha de motivar es el ahora y sus posibilidades, pero hemos de permitirnos caer, no en la nostalgia para regodearnos de forma trágica en un sentimiento de perdida, si no en la evocación de nuestros mejores momentos.

Abogo por salir de un día gris evocando un recuerdo luminoso y feliz.

Cuentan que si uno quiere anclar un momento que está viviendo, ha de ser consciente de que quiere «retenerlo», y asociarlo a una palabra clave que al nombrarla actúe como si fuera algún tipo de resorte que nos retrotraiga a esa situación. Podemos tenerlo en cuenta de cara a los instantes especiales venideros que nos vaya deparando el camino, pero si hablamos del pasado, aunque no usáramos este método y no tengamos palabra alguna, la mente es lo suficientemente poderosa para simular una especie de viaje mental en el tiempo que nos ayude a resurgir de un mal día.

**Que nos falta la inspiración: recordemos aquel día en que nos sentimos tan creativos que parecíamos estar en un congreso de musas. Igual recordándolas vienen de nuevo a visitarnos.

**Que nos sentimos solos porque nos faltan personas importantes en nuestra vida: cerremos los ojos y dejemos que se sienten a nuestro lado los ausentes. Permitamos que nos llegue su aliento para seguir adelante. Puede que haya vacíos irremplazables, pero valoraremos a otras personas que permanecen a nuestro lado y también nos quieren.

**Que estamos agotados y hace tiempo que no disfrutamos de unas vacaciones: cerremos los ojos y recordemos aquella playa magnífica de aguas cristalinas y sintamos el sol en nuestra piel. Que suponga una inspiración para elegir el próximo destino.

Y así, con cualquier cosa para la que necesitemos una ayudita extra. El recurso en modo de recuerdo anclado está a nuestro alcance. Tampoco se trata de recurrir a ello constantemente, porque siempre es más conveniente vivir mirando hacia adelante, pero el pasado forma parte de nosotros y nos ha hecho como somos. Los recuerdos negativos guardémoslos en una caja bajo llave y limitemos el uso de la memoria para lo que nos haga mejorar o nos aporte algo de luz en un día gris.

Para el que se ponga negativo de antemano y defienda la popular afirmación de «cualquier tiempo pasado fue mejor», también diré que no siempre es cierto. Seguro que si somos realistas, también encontraremos situaciones dolorosas en el ayer, aunque por supervivencia nos centremos principalmente en los recuerdos bonitos. Al igual que en el presente hay cosas que nos disgustan pero habrá otras circunstancias que han mejorado.

Sea como fuere, como la vida no es una línea recta, si no una curva llena de altibajos, valoremos las cosas con inteligencia y serenidad, para no volvernos demasiado eufóricos cuando estamos arriba ni depresivos al bajar.

Y mientras tanto, anclémonos en las cosas bonitas que nos hagan sonreír.

Fotografías de Pixabay,

¡Hasta el próximo Post!

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